El mito del “para siempre”

El mito del “para siempre”
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Fotografía vía Getty Images

Por: Ximena Gad Hernández Garza

 

Todo tiene fecha de caducidad. Nos queda claro porque revisamos estas fechas en los envases de los productos que consumimos. Sabemos que la leche y el pan no duran tanto tiempo, pero esto se transfiere a muchas cosas más. Quizá pensarán que estoy siendo muy dramática, pero la realidad es que la vida no está llena de instantes duraderos, sino de momentos pasajeros que cada día nos acercan al posible final. Es una forma cruda de verlo, más tiene una razón de ser.

 

Aun recuerdo la perspectiva que tenía San Agustín sobre el tiempo, donde explicaba que  el presente es pasado porque en el momento que lo notamos, ya se fue, ya se nos escurrió entre los dedos. Más allá de la idea religiosa de su pensamiento, declaraba que nuestra evolución y desarrollo personal dependía de ser finitos. El simple hecho de saber que nada sería permanente, servía como motor para movilizarnos hacia un objetivo.

 

Pensemos que fuéramos seres eternos, (como un vampiro o elfo si queremos tener una imagen más clara), entonces estaríamos conscientes de la inmortalidad de nuestra persona. En ese contexto un año sería como un minuto y siempre habría un mañana, lo que nos llevaría a posponer constantemente actividades. Cuando el tiempo es eterno para uno, deja de tener importancia.

 

En cambio, en nuestra situación como ser humano, nos encontramos que con el paso de los días y los años, nuestro cuerpo no funciona como antes, aparecen arrugas en nuestros rostros y nos cansamos más rápido. Esta es una señal clave de cómo va pasando todo frente a nosotros. Como sí un reloj sonara “tictac tictac” de fondo, o viéramos el reloj de arena cada vez más vacío.

 

Sin embargo, este proceso es positivo, porque nos hace movernos hacia las metas que tenemos. Estamos conscientes de que cada día que pasa no se repetirá. 

 

Pero, ¿qué pasa con las personas que conocemos? Todas las personas que están en nuestra vida cumplen un ciclo con nosotros al igual que los procesos naturales que vemos a nuestro al rededor. 

 

Pero, ¿cómo? Según perspectivas metafísicas estamos conformados por energía, de manera que en esencia, todos somos iguales, pero no solo entre nosotros sino también entre todo lo que conforma nuestra existencia (objetos, animales, plantas). Dicen que existe una relación entre uno mismo y lo demás debido a esta energía, y que básicamente todo llega cuando se necesita. Porque la esta vibra de modo que atraiga algo similar.

 

Lo que quiero decir con esta reflexión tan compleja, es que atraemos lo que necesitamos, no son casualidades sino causalidades. Somos la causa y ocasionamos un efecto. Pero además, somos seres que evolucionan, de manera que nos transformamos a nivel energético. Finalmente, el efecto de esto es que no necesitemos lo que en otro momento nos hacía falta.

 

Todo esto es una antesala para el tema que me interesa: los apegos. De acuerdo a la filosofía budista, el apego es lo que causa el dolor, son estas expectativas, creencias y suposiciones que trazamos. Son los lazos que atamos a cosas y personas pasando por alto lo obvio: nada es para siempre.

 

¿Recuerdan ese amigo de la infancia, aquél al que estaban sumamente unidos y que marcó totalmente esa etapa de sus vidas?, en general, esas personas ya no forman parte de nuestro presente. Piensen por un momento qué pasó. Podría ser la distancia, los cambios en la vida, o simplemente desconocen el motivo. Fue algo que paso paulatinamente. Y la razón es la misma que sucede con todo lo demás, cumplió su ciclo y se quedó sin cosas para darte, porque lo que tenía ya no lo necesitabas, seguramente también de su lado pasó lo mismo.

 

Digamos que estaba pasando por una época oscura en mi vida y me topé con una persona que era toda alegría y que con su apoyo me ayudo a superar mis dolencias, cuando yo me encontraba mejor, esta persona salió de mi vida. Quizá tras un tiempo de distanciamiento o hasta una discusión tonta, ese alguien con el que hablaba todo el tiempo, de repente ya no es esencial para tu vida.

 

Sí tienes problemas con el apego, sufrirás está situación y quizá hasta hagas lo imposible por mantener este lazo, sin embargo, cuando quieres jugar con las fechas de vencimiento de las cosas, es como tirar una moneda al aire, deseas lo mejor, pero sabes que el dictamen ya está hecho. Es entonces cuando empiezan a surgir tropezones constantes y desgarradores, hasta que se llega al inminente final.

 

Mi deseo no es molestar a nadie o entristecerlo, sino hacerlos conscientes de que obtenemos una respuesta a lo que necesitamos y cuando esto deja de hacernos falta, saldrá de nuestra vida y tenemos que aceptarlo como tal, más que pelear y negociar para que sea como deseamos.

 

Recuerden que el tiempo y sus ciclos es lo que asegura nuestro crecimiento, el no permanecer estáticos, porque todo a nuestro alrededor se modifica, nos brinda la posibilidad de seguir descubriendo el mundo y a nosotros mismos.

 

Espero sus comentarios y, ¡hasta la próxima!

 

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