#42KHAZCOMUNIDAD: UNA INICIATIVA DE SUPERACIÓN PERSONAL Y AYUDA COMUNITARIA

Fotografía vía Universidad La Salle 

Por: Enrique Ollivier

 

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Fotografía vía Enrique Ollivier
 

La aceptación de una enfermedad es complicada, recuerdo como estando en mi trabajo hace cuatro años dos de mis compañeros, situados uno a mi derecha y uno a mi izquierda con tres metros aproximadamente de distancia se comunicaban perfectamente mientras el sonido pasaba a través de mi lugar siendo un gran problema para mí el entender lo que se decían. Desde ahí me empecé a dar cuenta que algo pasaba sin querer explicármelo y enfrentarlo: “yo, siendo joven (29 años), deportista, con trabajo, con una carrera, planes de maestría, excelentes amigos y una familia ideal, podría tener algo anormal”.
 
Visité a varios doctores quienes me confirmaron la enfermedad otoesclerosis bilateral (ambos oídos). Es difícil entender que una enfermedad venga por parte de la genética/herencia; mínimo a mí me costó trabajo “agradecer” a mis antepasados y más cuando ningún familiar directo en varias generaciones tuvo problemas claros de oído. 
 
Uno de los retos más grandes que he enfrentado fue cumplir mi sueño de ir a estudiar una maestría al extranjero pero con problemas auditivos. En diciembre 2011, regresé titulado de la maestría y decidí hacer algo más por la enfermedad. Varios doctores que visité, me sugirieron  una cirugía llamada estapedectomia.
 
Tomé el reto comenzando por el oído derecho, sin embargo siete semanas después de la operación exitosa dejé de escuchar repentinamente. Después de varias opiniones tanto en México como en Estados Unidos, me confirmaron que había perdido por completo la audición del oído derecho, sin ninguna solución en el presente y sin saber con exactitud la causa, ya que pudo haber sido una hipoacusia súbita o una fístula perinlifática.
 
La verdad fueron semanas muy difíciles, llevaba 6 días en mi nuevo trabajo cuando perdí por completo mi audición del oído derecho y el izquierdo estaba aproximadamente con 40% de pérdida auditiva (misma que en la actualidad), esto provocó que sintiera que ya no era útil. Sin embargo, parte fundamental de mi recuperación anímica y adaptabilidad fue sin duda familiares, amigos y la comunidad en general que me han contenido en estos momentos difíciles. Así mismo, compré un aparato auditivo que “tan simple como eso” me trajo de regreso mi vitalidad.
 
Sinceramente aunque me cambio la vida en términos auditivos, me fue difícil su aceptación, pero fue a tal grado el nivel de aumento en la audición que lo he superado. Adicionalmente, desde la operación quedé muy afectado de mi equilibro, lo que provocó que he estado en constante rehabilitación en el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) ayudando a mi recuperación, pero sin lograr aún mi nivel óptimo.
 
En febrero del 2013 me inscribí al maratón de Chicago para lograr mi meta de superación personal, ayudar a recuperar mi equilibrio con la preparación y agradecerle a mis familiares, amigos y a la comunidad por sostenerme en las semanas más difíciles de mi vida. Durante el trámite de la inscripción, había una sección para correr con causa, muchas fundaciones listadas todas con diversidad en su misión, pero precisamente en ese momento fue donde decidí aterrizar mis ideas sobre la iniciativa #42kHazComunidad. 
 
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Fotografía vía Enrique Ollivier
 
Para poder dimensionar el alcance de la iniciativa fueron 3 episodios claves en mi vida. Cuando viví esta última vez en Inglaterra (2011), muchos amigos y compañeros de la maestría corrieron competencias por un motivo organizado por ellos mismos; es decir, se inscribían a la carrera, decidían ayudar a alguien y promocionaban la idea en las redes sociales para recibir donaciones. Esto era realmente positivo y real, la gente en ese país tiene mucha cultura por el deporte y para donar, por lo que se volvió un estilo de vida. Por lo tanto, tomé el reto en México y le puse una cuota a los km del maratón para venderlos en comunidad. Lo importante también, es que fuera temático y todo lo que se reuniera fuera para donar algo relacionado a mi problema del oído, por lo que decidí que fuera para donar uno o varios aparatos auditivos a niñ@s de bajos recursos.

Por otro lado, inscribirme al Instituto Nacional de Rehabilitación no fue fácil, pero realmente le tengo mucho cariño, ya que tiene unas instalaciones inigualables, la atención y el diagnóstico es fabuloso aunque tiene mucha demanda.
 
El año que llevo asistiendo ha sido lo suficiente para agradecer a todas las personas que han colaborado para que mi enfermedad este en periódicas revisiones y mi equilibrio este muy cerca de llegar a mi nivel óptimo. Por ello, una manera de regresar la lealtad y agradecerles el compromiso es seguir ayudando internamente así como lo han hecho conmigo. Una amiga voluntaria del INR me ayudó internamente con sus compañeras a elegir a los niños adecuados para esta donación los cuales fueron inicialmente David (ocho años) y José Cruz (ocho años).

Sin embargo hubo una gran respuesta de la sociedad y buscamos otr@ niñ@ (Andrea cinco años). Los tres niños tienen perdida súbita de ambos oídos y necesitan un aparato en cada oído para mejorar su audición significativamente y desarrollar el lenguaje. Estos niños han sido constantes en su esfuerzo por continuar luchando para salir adelante, llevan más de dos años inscritos en terapia en el INR y tienen papas muy comprometidos. 

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Fotografía vía Enrique Ollivier

 

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