Conoce el bello Puerto de Veracruz

Conoce el bello Puerto de Veracruz
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Fotografía vía El Heraldo de Xalapa
Por: Roberta Hernández Garza de Armonía en tu Imagen
 

Aún recuerdo la primera vez que visité el bello puerto de Veracruz. No habré tenido más de 5 años y debo confesar que fue una experiencia que me cambiaría la vida de muchas maneras.
 
Cuando estás acostumbrada a la vida en el Distrito Federal, donde 8.9 millones de personas llevan un día a día muy ajetreado, conduciendo largas distancias, sobreviviendo al tráfico y respirando smog, visitar un lugar como Veracruz era como estar en otro mundo: el cielo despejado, la brisa del mar y las noches estrelladas, eran algunas de las cosas que habían cautivado mi corazón. 
 
Por azares del destino, en un abrir y cerrar de ojos, dejé la vida en la capital y me trasladé con mi familia a aquel maravilloso lugar, tan diferente de lo que estábamos acostumbrados. Pero bien dicen por ahí que no es lo mismo visitar una ciudad que vivir en ella: a veces se acaba el encanto y en otras ocasiones, descubres su verdadera magia.  
 
Veracruz te recibe siempre con una cálida bienvenida, es una ciudad que se caracteriza por su clima húmedo y altas temperaturas. Tarde que temprano, comienzas a disfrutar el calor jarocho, aunque también te despides del maquillaje pesado, tu increíble ropa de frío y tu alaciado perfecto, que difícilmente sobrevivirá las 2 primeras horas. 
 
Cuando recién llegas, comienzas a experimentar lo que es un día con 24 horas. Por primera vez dejas de pasar la mitad de la jornada atrapada en el tráfico, tienes el tiempo suficiente de realizar mil y un actividades sin importar que tengas que cruzar toda la ciudad y aun así te sobran horas para disfrutar de las cosas que te gustan.
 
Asimismo, te conviertes en la persona más puntual de tu grupo de amistades porque estás acostumbrada a salir con al menos una hora de anticipación para cualquier compromiso. Y créeme, tardas mucho tiempo en quitarte este hábito.  
 
En la capital, el estrés cotidiano y la prisa por terminar las labores junto antes del deadline en la oficina, hace que la mayoría de sus habitantes vivan en su mundo. Por otro lado, la inseguridad que se vive provoca que hablar con extraños sea en un rotundo don’t. Sin embargo, en Veracruz es diferente: aquí la gente es alegre, cálida y muy fiestera, pareciera que siempre están en disposición de entablar una conversación, aún si no te conocen  y más si saben que eres de fuera. 
 
De igual forma, te empiezas a olvidar de preguntar de qué parte de la ciudad son tus amistades, no importa si viven en la zona norte, sur o centro. Aquí simplemente vives en Veracruz. Ni siquiera existe diferencia si vives en Boca del Río o rumbo a Alvarado. Las distancias son tan cortas que esta información es completamente irrelevante. 
 
Algo curioso que he notado en todos estos años, es que aquí la ley de 6 grados de separación parece reducirse a la mitad. A pesar de ser una zona con 811,671 habitantes,  todos se conocen de algún lado: si no son primos del amigo, son ex compañeros de la amiga o conocidos del conocido. 
 
Un dicho popular afirma que el amor entra por la boca, y el puerto tiene muchos platillos para satisfacer todo tipo de paladares: picadas, gordas, panuchos, enchiladas, bombas, canelones, por mencionar algunos. Hasta la persona más fiel a su dieta cae en la tentación de probar estas delicias. 
 
Esto lo comprobé con la visita de otra chilanga al puerto, una mujer que se caracteriza por su rigurosa dieta libre de carne, grasa y lácteos. Durante un desayuno en el icónico Café de La Parroquia, sucumbió ante las exquisiteces gastronómicas de la ciudad y exclamó: “¡Algo tienen en el puerto que no me puedo resistir a la comida! Si viviera aquí, seguro no podría hacer dieta”. 
 
Por alguna razón y a pesar de ser una ciudad llena de tradiciones y festividades, la cultura de asistir a cualquier actividad que implique una manifestación del arte, está muy poco desarrollada. No se imaginan lo mucho que sufrí a mi llegada porque mi familia era la típica que asistía a un museo y una obra de teatro todos los fines de semana.  
 
Sin embargo, aprendí que sobran las actividades, sólo es cuestión de saber dónde buscar y dejarnos llevar por nuestra curiosidad, sin esperar ver grandes espectaculares por las avenidas principales anunciando un nuevo evento o abrir el periódico y tener una sección dedicada a todo lo que se puede hacer.  
 
Tal vez en Veracruz no tengamos todas las opciones de museos, conciertos, centros comerciales y restaurantes, pero eso no le quita su belleza. Debo confesar que aún extraño la vida en el Distrito Federal, es una ciudad con muchas oportunidades y lugares por descubrir. Allá, uno jamás se aburre y no dudo en volver algún día. Sin embargo, también estoy enamorada de la tranquilidad que se respira en el Puerto.  
 
Con los años he aprendido que es un privilegio estar a pocos pasos del mar y poder disfrutar hermosos amaneceres antes de salir a correr, ser capaz de respirar aire fresco y tener un cielo azul que se llena de estrellas por la noche.

 
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Fotografía vía Roberta Hernández Garza
 

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